Losúltimos mensajes que envióel soldado que se quitó la vida en la Quinta de Olivos: así loextorsionaban

Mensajes extorsivos, audios, transferencias de dinero, pedido de préstamos y momentos de desesperación marcaron las últimas horas de Rodrigo Gómez, el soldado voluntario de 21 años que se quitó la vida mientras cumplía funciones de guardia en la Quinta de Olivos.

Todo comenzó a través de una aplicación de citas. Gómez pensó que hablaba con una tal «Julieta Ayelén Cardozo», de 17 años, pero esa persona no era real. Poco después, una mujer se contactó con él, dijo ser la madre de la menor y le dijo que lo iba a denunciar. Todo quedó grabado en un audio: «¡Degenerado! ¿Quién te pensás que sos para mandarle eso a mi hija? ¡Ya me estoy yendo a hacerte la denuncia! ¡Ya! ¡Mirá este degenerado las cosas que le está mandando a mi hija! ¡17 años tiene mi hija! ¡Ya me voy a hacerte la denuncia!».

A las 11.42 del 15 de diciembre Rodrigo Gómez recibió un mensaje de la misma mujer: “Ya estoy llegando a la comisaría, tengo las fotos que le mandaste y las conversaciones”, según los chats incorporados al expediente.

Nada era real. Solo se trataba de presos alojados en cárceles bonaerenses que habían creado un perfil falso de una adolescente en la aplicación de citas para tender la trampa. Todo el plan fue ejecutado desde las celdas mediante el uso de teléfonos celulares y se sospecha que el soldado no fue la única víctima.

El engaño se agravó con un segundo audio, pero esta vez enviado por un hombre que decía ser Matías Nahuel Conti «subteniente a cargo del Servicio de Investigaciones contra la Pedofilia Infantil Cibernética y Trata de Personas». Allí, le advertía sobre la denuncia en su contra. Conti es una persona real y forma parte de la fuerza policial, pero no fue él que envió ese mensaje. La extorsión no tardó en comenzar.

sospechosos soldado oivos

Luego, Gómez recibió una foto de un supuesto policía en su puesto de trabajo y varios llamados. Entre las 16.53 y las 17.11, el solado le escribió al falso subteniente: “No quiero tener problemas. ¿Qué puedo hacer? Sé que esto es muy grave. Ya sé que estoy en muchos problemas. Quiero solucionarlo todo”.

Tras esto, el soldado recibió una llamada en la cual la Justicia supone que le exigieron dinero. El comprobante de la primera transferencia por 213.000 pesos lo envió a las 17.33.

Más tarde le informó a su extorsionador que había conseguido 400.000 pesos más y a las 17.51 le preguntó: “¿Con esto es suficiente?”. Pero la extorsión continuó. A las 18.32 Gómez transfirió 291.000 pesos y a las 18.38 envió otros 500.000.

“He podido conseguir unos 300.000 más y de ahí ya no puedo pedir más préstamo. No puedo pedir más préstamo a nadie. No sé si con eso suma con lo que ya le he pasado. Si me puede servir o me puede ayudar con eso porque ya estoy en la quiebra, literalmente”, escribió el joven soldado a las 18.44.

Luego agregó: “Listo, eso es todo lo que tengo. Ya no tengo más nada. Ni un peso. Nada más. Ya no tengo más. Estoy en la pobreza máxima ahora. Ya ni tengo para comer con esto”. Y concluyó: “Ya aprendí la lección”.

A las 23.17 envió: “No pude conseguir nada. Ya estoy jodido”.

Minutos después escribió: “Mi vida ya no es más normal. Estoy mal, ya no sé qué hacer, estoy cansado y desesperado. Y de dónde sacaré la plata a estas horas de la noche. Yo ya estoy perdido”.

El extorsionador volvió a exigirle que le enviara el comprobante de otra transferencia, pero entonces llegó el último WhatsApp enviado por Rodrigo Gómez. Fue a las 23.59, cuando le respondió: “Bueno, hoy lo tendrás”.

Por el hecho, la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado procesó con prisión preventiva a siete integrantes de la organización criminal.

Los dos sindicados como jefes de la banda, Tomás Francavilla y Mauricio Duarte Areco, estaban detenidos en la cárcel de Magdalena. Un tercer cómplice, Kevin Sandoval, se encontraba alojado en la Unidad 26 de Olmos, en La Plata.

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