“¡Maten a todos! Que Dios se encargue de separar a los buenos de los malos” es una frase atribuida a un abad y líder religioso del medioevo que mandó liquidar a toda la población de Béziers, una ciudad francesa, sin ningún tipo de distinción o consideración porque lo único que importaba era combatir las herejías.
Podría decirse que el espíritu con el que el gobierno de Javier Milei lleva adelante su tarea de ordenar la macroeconomía es como aquel del siglo XIII: que la inflación baje, la competencia aumente y Adam Smith, el padre del libremercado, se encargue de separar a los buenos de los malos.
La Argentina es ese país en el que hace unos años los empresarios decían temer al fantasma de la expropiación del kirchnerismo en los tiempos de Vicentín. Hoy creen que irán a la bancarrota por culpa de la doctrina de shock de Milei para desinflar.
Como sea, muchos de ellos se preguntan si el actual programa constituye un desafío solo para los que cazaron en el zoológico -como Milei acusa a Techint, FATE y los empresarios de electrodomésticos-, o también para los ganadores. Mercado Libre no solo se ha manifestado públicamente en contra de la competencia china que viola normas, sino también quedó expuesta a vicisitudes del mercado laboral argentino como el aumento de la morosidad. La tasa de irregularidad de las entidades no financieras es 22,8%, el doble respecto a un año atrás. La baja rápida de la inflación puede hacer más pesado el pago de las deudas fijas como estudió el economista estadounidense Irving Fischer en la época de la Gran Depresión de los años 30 (para el caso de la deflación).
Lo cierto es que las empresas enfrentan un cambio de reglas. En la época del cepo les convenía stockear mercaderías. ¿Por qué? Porque la inflación era más alta que las tasas que le cobraban los bancos (tasas negativas) y especulaban con vender más caro la semana siguiente. Como tampoco podían comprar dólares invertían acumulando productos obteniendo una ganancia financiera.
Este comportamiento quedó reflejado en los márgenes que las empresas tuvieron en 2022 y 2023, según publicó el FMI en un trabajo. El organismo advirtió que la brecha cambiaria, la diferencia entre el dólar oficial y los financieros que llegó a 187% en 2023, ayudó a que las firmas produjeran al tipo de cambio de pizarra y vendiesen al público al precio más caro sacando jugosas ganancias.
Hoy la foto es diferente. Primero, no existe más brecha cambiaria y eso achicó los márgenes de rentabilidad como el propio Javier Madanes admitió un año atrás. Segundo, el costo para las empresas de tener un producto en la góndola exhibido sin vender, es mucho más elevado porque el costo financiero aumentó con las tasas de interés positivas.
Los economistas creen que una medida que ayudaría a descomprimir sería reducir las tasas. Pero eso no es más que una manera elegante de pedir un dólar más alto.
De a poco cada vez son más quienes se animan a hablar del tipo de cambio. El economista Ricardo Delgado lo pone del siguiente modo: “El arte de hacer política económica pasa precisamente por otorgar consistencia y credibilidad al equilibrio cambiario sin tensionar de más el entramado productivo. Así, agrega, se volvería más prudente la estrategia del Banco Central, que podría adquirir más divisas en el mercado, fortaleciendo su activo y haciendo que el riesgo país se redujese más rápido, bajaran las tasas y hubiese más pesos en circulación para estimular el crecimiento”.
La caída de 9,7% de la recaudación de febrero es una señal de alerta de esto que dice Delgado. Quizá no sea más que el resultado de aquel apretón monetario que el Gobierno lanzó tal cual cruzada para contener el dólar dentro de las bandas en la previa de la elección. Hoy se están viendo esas consecuencias y la Unión Industrial y AEA respondieron al Presidente.
El temor de muchos economistas no es que la inflación muestre resistencia a la baja sino que Milei reaccione de acá en adelante como el inquisidor en Béziers, que para intentar bajar la inflación prolongue en el tiempo la dureza monetaria mientras abre la economía y el dólar está en los $ 1.400. La Argentina correría el riesgo no solo de ahogar a las empresas que cazaron en el zoológico sino también a los ganadores.
Hay empresarios que admiten que sus propios colegas exageran y que muchos desafíos que enfrentan van más allá de las políticas de Milei: la desindustrialización es un fenómeno global, no una excepcionalidad argentina. ¿Cuál es el tipo de cambio que haría falta para contener sus pérdidas?
El Gobierno tiene estimaciones en su poder de que la inflación será más alta de la que dice el Presupuesto (más del doble). Públicamente deja abierta la posibilidad de que en agosto la tasa mensual podría empezar con cero pero por las dudas ya abre el paraguas y dicen que si no es en agosto será más adelante. Milei en el Congreso dijo que el éxito de un plan de estabilización no se mide por meses sino por años y Caputo, que a los países que estabilizaron les llevó varios años.
Alberto Ades, un economista que habla con el Gobierno, recomendó seguir el caso de Uruguay. Citó lo que cuenta Ernesto Talvi, economista uruguayo, de que a Uruguay le llevó años llegar al dígito de inflación. Talvi estuvo días atrás en el Ministerio de Economía.
Precisamente la baja prudente de la inflación separará lo bueno de lo malo sin necesidad de ‘matar a todos’. Casi como se ve hoy en las intervenciones militares de EE.UU.: sobre un objetivo concreto.
